Jueves 25 de mayo del 2017

Factores biológicos y ambientales influyen en la obesidad

A pesar de la implementación de diferentes programas para contrarrestar o evitar el sobrepeso y la obesidad en México, su incidencia sigue en aumento. Al comparar las encuestas nacionales de Salud y Nutrición de 2012 y 2016, se observa la misma tendencia, y eso significa que algo no estamos haciendo bien, dijo en la UNAM Angélica Palacios, integrante de la Asociación Mexicana de Diabetes.

En el auditorio Fernando Ocaranza de la Facultad de Medicina (FM), mencionó que nuestro país sufre la doble carga de la mala nutrición: por deficiencia y por exceso, una situación alarmante.

Asimismo, indicó que existen diferentes factores para el desarrollo de la obesidad, como los biológicos y los ambientales. Entre los primeros se encuentran las alteraciones biológicas y endócrinas, así como la herencia; y entre los ambientales el estilo de vida, el trabajo y la alimentación.

La probabilidad de que una persona sea obesa por aspectos biológicos es de 30 a 40 por ciento, y el resto (60 o 70) lo sería por aspectos ambientales, que pueden ser modificados y controlables.

La obesidad y la biología

Angélica Palacios señaló que de los rasgos biológicos emergen cinco genotipos: el “ahorrador”, que se refiere al momento en que el ser humano estuvo expuesto a periodos de hambre, y el cuerpo, en lugar de gastar, ahorraba, “por eso tendemos a acumular grasa”. A él se suman el hiperfágico, sedentario, de baja oxidación de lípidos y el de adipogénesis.

La herencia es otro factor. Se dice que si ambos padres son obesos, el riesgo de que el hijo lo sea es de entre 50 y 69 por ciento. “Por eso deben tomarse medidas, incluso previo a la concepción”.

Otros elementos biológicos son las alteraciones endócrinas (como síndrome de ovarios poliquísticos, hipotiroidismo o resistencia a la insulina).

Entre los factores ambientales se encuentra el estilo de vida sedentario, el trabajo, el transporte, las formas recreativas, alimentos de alta densidad energética y el consumo basado en el hedonismo más que en la necesidad de alimentarse.

Uno más es el psicológico: 55 por ciento de las personas con depresión tienden a incrementar su masa grasa o el peso corporal, y 55 por ciento de los individuos obesos presentan depresión. “Ambos aspectos están muy relacionados; por ejemplo, alguien deprimido no tendrá ganas de salir a hacer ejercicio o a comprar sus alimentos”.

El problema no sólo se relaciona con la alimentación. Si hay alguna alteración en el estado de ánimo, puede presentarse un trastorno de la conducta alimentaria, por lo que es necesario tratar a estos pacientes desde una perspectiva multidisciplinaria.

Mayor prevalencia entre mujeres

La especialista resaltó que se ha identificado que entre las mujeres hay mayor prevalencia y que existen diferencias de acuerdo a la región del país o el tipo de localidad en donde viven. Por ejemplo, en poblaciones rurales el 42.7 por ciento de la población tiene obesidad, y en las ciudades 38.2, “cuando antes lo que se identificaba en aquellos sitios era la desnutrición”.

Con respecto a la obesidad abdominal, determinada por la circunferencia de la cintura (igual o mayor a 90 centímetros en hombres, y mayor o igual a 80 centímetros en mujeres), es en los varones de entre 40 y 79 años de edad en quienes se presenta con mayor frecuencia; mientras que en ellas inicia de manera más temprana: a partir de los 30.

Mantener un peso saludable es una responsabilidad compartida, subrayó Palacios. “A los profesionales de la salud les corresponde identificar las problemáticas del paciente, orientarlo y tratarlo de manera integral, y a este último le toca ser proactivo, apegarse al tratamiento para llegar al resultado adecuado”.

En su oportunidad, Laura Escobar Pérez, profesora del Departamento de Fisiología de la FM, detalló que “la educación es una herramienta fundamental para que los niños y su entorno familiar cuenten con los elementos necesarios para hacer cambios en beneficio de la salud”.

La intervención en los estilos de vida, junto con un programa de conducta, son herramientas que han demostrado su eficiencia para controlar el sobrepeso en los pequeños. En ese sentido, el papel de los pediatras y del personal de salud es crucial, porque son el enlace directo entre la comunidad y los infantes, y tienen la posibilidad de actuar en las primeras fases de desarrollo de la obesidad.

“Si la solución fuera tan simple como comer menos y hacer ejercicio, ¿por qué 90 por ciento de los niños en México enfrentan un futuro obeso?”, cuestionó.

“Los pronósticos afirman que para el año 2030 las enfermedades no transmisibles serán la causa más frecuente de muerte, es decir, padecimientos crónicos de larga duración y lenta evolución, como las patologías cardiovasculares, el cáncer, afecciones respiratorias crónicas y la diabetes”, concluyó.

Más artículos

La contaminación del aire en el valle de México es un problema de salud pública
Depresión de la mujer luego del parto puede afectar habilidad para ser madre
Hombres de 15 a 35 años tienen mayor riesgo de padecer cáncer de testículo en México