Martes 8 de agosto del 2017

Se eterniza la explotación y violencia que sufren trabajadores domésticos en México

El trabajo doméstico es un fenómeno social que, aunque antiguo en sus orígenes, sigue vigente, pero con nuevas vetas por explorar en el contexto de los recientes procesos de reproducción capitalista y crisis global en que la niñez y los adolescentes del sureste mexicano que experimentan en el día a día.

Con el proyecto “Migración, trabajo doméstico y violencia de género. Niñas, niños y adolescentes en el sureste de México”, la antropóloga Saraí Miranda Juárez busca identificar las diferentes formas de violencia que experimenta este grupo que realiza trabajo infantil doméstico para hogares de terceros en distintos contextos locales de esa parte del territorio nacional.

La investigadora del Programa de Cátedras para Jóvenes Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), adscrita al Departamento de Sociedad y Cultura de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), obtuvo una de las Becas para Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales 2017, recursos que destinará a la investigación que realiza sobre este tema.

Miranda Juárez indicó en entrevista para la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), que eligió la zona del sureste mexicano por considerarla un espacio de observación con ciertas particularidades de suma complejidad, particularmente Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, estados (fronterizos o que están cerca de la frontera) en los que habita y transita un importante número de población migrante, entre los que se encuentran niñas, niños y adolescentes.

“Son entidades que albergan centros urbanos que funcionan como polos de atracción de migración interna (tal es el caso de la ciudad turística de San Cristóbal de las Casas, en la región de los Altos de Chiapas). En particular busca explorar en contextos urbanos diferenciados tales como Tenosique en Tabasco, Cancún en Quintana Roo y San Cristóbal de las Casas y Tapachula, en Chiapas”, precisó.

“México es un extenso territorio en dónde conviven múltiples formas de experimentar la niñez y la adolescencia. Estas diferencias se vinculan con el lugar que ocupan las niñas, los niños y los adolescentes, según sus condiciones socioeconómicas, su género, su origen étnico, la región en que habitan o bien su condición migratoria”, señaló.

Agregó que el trabajo infantil doméstico es un asunto complejo que presenta singularidades para su abordaje científico, ya que las tareas domésticas tradicionalmente han sido realizadas en el hogar como un espacio privado, por lo que son invisibles frente a la discusión y el debate público.

No obstante, representan una importante aportación a los procesos de producción y reproducción social. En este contexto, la dimensión social del género alcanza una magnitud esencial, pues por lo regular este trabajo es realizado por niñas y mujeres, o bien por otros sujetos sociales en desventaja por su edad u origen étnico.

Los datos más recientes del Módulo de Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), muestran que en México existen un millón, 599 mil 66 niñas, niños y adolescentes que realizan tareas domésticas y no asisten a la escuela, de los cuales 58.5% son niñas y 41.2% niños. “Pero, en relación con la violencia que enfrentan las niñas, los niños y los adolescentes los datos son escasos”, lamentó.

En la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones de los Hogares 2011 se levantó información sobre distintos tipos de violencia hacia las mujeres, pero incluye únicamente a las adolescentes a partir de los 15 años, señaló Miranda Juárez, que identificó un vacío de información referente a las niñas y a los niños en este rubro.

Ante esta ausencia de datos, la investigadora se propone ir más allá del análisis tradicional teórico conceptual del trabajo infantil doméstico, y reflexionar sobre las modalidades de violencia que experimentan las niñas, los niños, las y los adolescentes a partir de la interrelación entre condición laboral, condición migratoria, género, edad y etnia.

Saraí Miranda Juárez comentó que los fondos que le fueron otorgados por concepto de la beca que recibió de la AMC, el Consejo Consultivo de Ciencias (CCC) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) serán utilizados para la realización del trabajo de campo, viáticos y compra de material e insumos.

También se utilizarán para la transcripción de entrevistas y la organización de las actividades de intervención con las organizaciones de la sociedad civil. Una parte de la beca se usará para los gastos editoriales del libro que se plantea producir a partir de los resultados de la investigación propuesta.

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