Miércoles 13 de septiembre del 2017

Algo se está pudriendo en el Congreso mexicano, porque prevalece el sometimiento y se acaba la libertad

El senador ex perredista, ahora independiente, Alejandro de Jesús Encinas Rodríguez, recibió la notificación de que dejará la presidencia de una de las más importantes comisiones legislativas y aprovechó para pronunciar enérgico discurso desde la tribuna, con tremendas acusaciones que se resumen en la explosiva advertencia de que el Congreso mexicano se está pudriendo.

Aquí las palabras textuales del legislador, mismas que quedaron plasmadas en el Diario de los Debates para la reseña de los historiadores: “En la política como en la vida se cumplen y se cierran ciclos. El día de hoy me corresponde cerrar un ciclo como Presidente de la Comisión de Estudios Legislativos, Segunda, de este Senado de la República, función que he desempeñado a lo largo de los últimos cinco años.

En esta experiencia he cultivado, sin lugar a dudas, un sinfín de amistades y una gran experiencia siempre actuando de manera institucional sin renunciar a mis convicciones y sin buscar ningún beneficio personal.

No tengo más que agradecimiento con quienes he compartido esta experiencia.

Con el Senador Juan Carlos Romero Hicks y la Senadora María del Rocío Pineda Gochi, Secretarios de la Comisión.

Con la Senadora Lisbeth Hernández Lecona y el Senador Roberto Gil, integrantes de la misma.

Así como con otras Senadoras y Senadores que pasaron en este lapso del tiempo, en esta comisión cumpliendo sus funciones.

La Senadora Claudia Pavlovich, Pilar Ortega, Verónica Martínez, Mayela Quiroga e Ivonne Álvarez; así como los Senadores Jesús Casillas, Fernando Salazar, René Juárez y Miguel Barbosa, quien asumió la Presidencia de la Comisión cuando solicité licencia para participar en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

De igual manera, quiero agradecer el apoyo brindado por el doctor Arturo Garita y el licenciado Roberto Figueroa, Secretario de Servicios Parlamentarios y de Servicios Generales del Senado.

Y de manera muy especial agradezco el apoyo a mis compañeros de trabajo encabezados por Aarón Mastache Mondragón, a Francisco Fragoso, a Félix Santana y a los jóvenes becarios que llegaron a prestar su servicio social y se quedaron a llevar la carga más importante de esta comisión.

A Ulises Cabrera, a Frida Medina, a José Luis Calderón y a Jesús Galván, entre otros jóvenes que me apoyaron en estas funciones.

El día de hoy entregamos buenas cuentas. En estos cinco años sostuvimos 131 reuniones de trabajo en la que atendimos mil 99 iniciativas y minutas enviadas por la Cámara de Diputados.

Aprobamos 321 dictámenes, incorporando en algunos de éstos hasta diez iniciativas con lo que abatimos todo el rezago legislativo que existía en esta comisión, quedando pendientes, listos para su dictamen algunos asuntos de gran relevancia, como la Ley de Archivos, la Ley de Obras y la Ley sobre la Fiscalía General.

Debo señalar, además, con una gran satisfacción, que somos una de las 64 comisiones del Senado mejor evaluadas por distintos organismos públicos y por las organizaciones civiles.

De acuerdo, por ejemplo, con Integralia, organización que realiza la evaluación del trabajo del Congreso, entre 2012 a 2015 ocupamos el primer lugar de desempeño en cuanto a la publicación de programas y los informes anuales de trabajo, así como en el número de reuniones realizadas y el desahogo de iniciativas y dictámenes.

Hasta agosto de 2017 fuimos la única comisión que cumplió con la obligación de entregar su informe anual de trabajo.

De la misma manera, conforme a la evaluación del Instituto Nacional de Acceso a la Información, ocupamos los primeros lugares en el cumplimiento de nuestras responsabilidades en materia de transparencia y acceso a la información.

Por eso, quiero aprovechar esta oportunidad para entregar a la Presidencia de la Mesa Directiva del Senado el informe de cinco años de gestión, el cual, por supuesto, ya también está en la página de la comisión.

Pero, finalmente, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones.

Creo que es el momento de hacer una revisión profunda al diseño del sistema parlamentario en nuestro país.

Hay un verdadero agotamiento de las formas, las prácticas y las normas que rigen nuestro trabajo legislativo.

Lo he dicho con anterioridad, las Cámaras de Diputados y de Senadores han dejado de ser espacios para la libre discusión de las ideas y para la construcción de acuerdos.

Las Cámaras se han convertido en Cámaras de grupos parlamentarios donde los órganos de gobierno disciplinan y sustituyen el trabajo de los legisladores con lo que se llega en la mayor parte de los casos a las sesiones del Pleno o a las comisiones de dictamen a votar y no a discutir.

Si bien, nuestra Ley Orgánica establece la igualdad entre los legisladores, hay unos Senadores más iguales que otros; el trabajo parlamentario no reconoce la voluntad de los ciudadanos ni la representación de cada uno de los legisladores.

“¡Algo anda mal, algo está podrido en Dinamarca!”. Cuando por ejemplo, pongo mi caso, yo llegué al Senado con el apoyo de alrededor de 2 millones 300 mil mexiquenses, a quienes les agradezco su voto; más del doble de los votos emitidos por el Partido del Trabajo a nivel nacional en 2015, que solamente tuvo un millón 135 mil, y ni siquiera Diputados tiene hoy en la Cámara de Diputados.

Algo anda mal, cuando nuestro ordenamiento interno no corresponde ya a nuestra realidad, como lo hemos visto en la gran movilidad de los legisladores en el Congreso, donde se llega al extremo de prestar y retirar legisladores de un grupo parlamentario a otro o incluso se contraviene la Constitución, la que además de garantizar la libertad de asociación rompió, afortunadamente ya con el monopolio que detentaban los partidos políticos de la representación popular al permitir las candidaturas sin partido, lo que nos obliga a restablecer las figuras de grupos parlamentarios independientes, que fue eliminado por las partidocracias en el 2008 a fin de mantener el control de los legisladores.

Se obedece en el Congreso a los intereses de los aparatos partidistas bajo una lamentable visión patrimonialista que no ha sido posible superar, pese a las obligaciones de transparencia y rendición de cuentas que hemos aprobado, lo que nos hace urgente también establecer de una vez por todas un comité de ética que regule el desempeño de los grupos parlamentarios y de cada uno de los legisladores en el Congreso.

Parafraseando a Descartes, “Tengo grupo parlamentario, luego existo”, “Tengo pastor, tengo rebaño, tengo prebendas”

Bajo el argumento de que, “nos toca”, en el Congreso se disputa y se reparte todo, desde los órganos de gobierno, hasta cada centímetro cuadrado del edificio, los lápices, las gomas y hasta los clips.

El peso de cada grupo parlamentario se mira en función de cuántos lápices, gomas y clips concentra, más podrá concentrar todas las gomas y los lápices, pero ello no necesariamente significa recuperar la credibilidad y el respeto por parte de nuestra sociedad.

Estoy consciente de la independencia política cuesta, pero es un costo político que bien vale la pena pagar.

Lo he hecho a lo largo de décadas, como lo ha hecho toda la generación de la izquierda a la que pertenezco, esa generación que pasó de la proscripción a la legalidad.

Hoy se trata de la presidencia de una comisión, que si bien asumí como una distinción, es solo eso, la presidencia de una comisión.

Una de las cosas que he aprendido a lo largo de mi vida política es a desprenderme de los cargos que he ocupado, los cargos son efímeros, y hay que saberlos dejar atrás.

Cierro un ciclo, pero aún nos faltan once meses para construir nuestro encargo, el cual continuaré ejerciendo, atendiendo las causas y reclamos de nuestra sociedad con firmeza y con profesionalismo, pero siempre con respeto que merecen todas mis compañeras y mis compañeros del Senado de la República”.

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