Jueves 3 de agosto del 2017

Investigación arqueológica profundiza estudios para entender la historia prehispánica del Bajío guanajuatense

Los sitios arqueológicos con un trazo arquitectónico caracterizado por espacios constructivos, que contienen un templo y un patio hundido, son considerados parte de la “Tradición Bajío”, estilo arquitectónico representativo de diversos lugares arqueológicos que forman parte de los 1496 sitios registrados oficialmente en el estado de Guanajuato.

Uno de los intereses de diversos investigadores, entre ellos Lidia Iris Rodríguez Rodríguez, del Centro INAH Guanajuato, es identificar quiénes habitaron la sección guanajuatense del Bajío durante el período Clásico (del 300 al 900 d. C.) y así aportar información acerca de los grupos originarios del estado.

Hasta la década de los ochenta el discurso en torno a la arqueología en esta zona del país se refería a que los habitantes del Bajío prehispánico fueron únicamente grupos chichimecas nómadas; sin embargo, investigaciones arqueológicas recientes indican que esta zona tuvo una dinámica poblacional compleja, con una estructura clasista y sedentaria, pero no se sabe qué grupo prehispánico la habitó, comentó en entrevista la arqueóloga.

Con el fin de ampliar la información acerca de las culturas prehispánicas de la entidad, el proyecto Culturas arqueológicas de Guanajuato. En torno a las dinámicas poblacionales y filiación étnica de los hacedores de la “Tradición Bajío” plantea el contraste y el análisis de fuentes históricas, así como el análisis de los fechamientos de materiales arqueológicos que han sido recuperados en labores de salvamento arqueológico en los municipios de León, Irapuato, Apaseo el Alto y Santiago Maravatío durante los años 2015 y 2016.

“Vamos a colaborar con el Sistema Arqueomagnético de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para labores de fechamiento de materiales cerámicos, además, realizaremos estudios bioantropológicos para extraer ADN antiguo de algunos entierros y ubicar a los grupos étnicos a los que pertenecen”, adelantó la especialista, que por este trabajo obtuvo una de las Becas para Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales 2017 que otorga la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.

En su proyecto, Rodríguez establece como primera hipótesis alguna filiación otopame de la población prehispánica del Bajío guanajuatense, lo cual daría pauta para entender la dinámica poblacional y su relación con otros grupos étnicos mesoamericanos y los hacedores de la “Tradición Bajío”.

Desde un enfoque interdisciplinario, el estudio busca contribuir al conocimiento científico de las culturas arqueológicas del Bajío, así como explicar a la población, principalmente guanajuatense, sobre quiénes habitaron esta región y en qué tiempo, “ya que para hablar de la conservación del patrimonio arqueológico es necesario garantizar el cuidado de estos sitios, lo que en gran medida depende de que las personas conozcan su historia prehispánica”.

El enfoque metodológico elegido para abordar este aspecto es la arqueología antropológica, que implica llevar a la comunidad la información resultante de la investigación arqueológica a través de diversos canales de comunicación.

Un ejemplo de aplicación es el programa establecido en León en enero de 2015, en coordinación con la Dirección de Desarrollo Urbano, el Instituto Municipal de Planeación y la Asociación Civil León Prehispánico, para realizar la actualización de las poligonales de protección de los sitios arqueológicos del municipio y posteriormente, la coordinación del “Programa Piloto de Limpieza y Plantación de Barrera Ecológica en el Peñón de Alfaro” y la realización de los talleres de verano enfocados en la población infantil.

Como parte de esta investigación y de los recursos que provee la beca, Lidia Rodríguez publicará diversos artículos y presentará ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) un libro en el que incluirá la información de los salvamentos arqueológicos realizados en 2015 y 2016.

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