Viernes 5 de enero del 2018

Nuevos estudios abordan escenarios sobre cambio climático y dinámica biológica

Para calcular las repercusiones del cambio climático en la biodiversidad de México se requiere combinar distintos enfoques: modelación de distribución de vegetación y fauna, enfoques de trabajo de campo en los que se obtengan parámetros, como los censos poblacionales; experimentos en laboratorio, modelos ecofisiológicos en los que se midan los cambios funcionales que experimenta la biodiversidad ante las transformaciones ambientales, así como muestras del pasado del clima, y observaciones del día a día que permitan documentar los cambios inmediatos en un lugar, expuso el biólogo Enrique Martínez Meyer.

En México se le ha dado mucho impulso a la investigación sobre los efectos del cambio climático en el país, sin embargo, una observación del especialista es que las proyecciones presentan altos niveles de incertidumbre, pues el aumento entre 4º y 5º Celsius de la temperatura puede traer escenarios muy distintos a pesar de la diferencia de un grado entre las dos mediciones. Estos modelos dependen de factores difíciles de predecir como el comportamiento del mercado de los energéticos en el mundo.

El investigador del Departamento de Zoología del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México comentó que para entender los cambios que estamos viviendo en las temperaturas lo más importante es estudiar al pasado, y que el cambio climático ha sido una realidad que modifica los ecosistemas desde la antigüedad.

Por ejemplo, los paleoecólogos descubrieron que hace 10 mil años la zona del Petén, en Guatemala, era un bosque de pino y encino, hoy es selva. Hubo un cambio muy drástico con el aumento de 6ºC de temperatura, se presentaron extinciones de especies mientras que otras se adaptaron a los cambios y persistieron.

En el escenario actual es preocupante el cambio climático, pero quizá lo sean más otros factores asociados con la expansión humana hacia ecosistemas, así como las actividades agrícolas en las que se utilizan abonos de nitrógeno y fósforo, químicos que se depositan en la tierra, y que al deslavarse llegan a los ríos, luego a los mares y ahí ocasionan zonas sin vida marina.

“Otro gran problema es la pérdida de biodiversidad en sus diferentes manifestaciones: menoscabo de poblaciones y de especies. Se ha medido la velocidad a la que se están extinguiendo especies y los datos son preocupantes, se estima que 30 mil animales y plantas en el mundo desaparecen cada año. Si lo ponemos en contexto, en México se conocen 24 mil 525 mil flores en total, es como si anualmente toda la flora del país desapareciera cada año”, señaló el científico.

Si este ritmo continúa se espera que a finales del siglo XXI la mitad de la biodiversidad del planeta se extinga y esto debido principalmente a la transformación de los ecosistemas naturales a ecosistemas con presencia humana o antropizados, agregó Martínez Meyer.

Pérdida de cobertura vegetal en el sureste

El secretario académico del Centro del Cambio Global y la Sustentabilidad en el Sureste colabora con la bióloga Julia Carabias en un estudio que busca ahondar en el conocimiento del contexto socioambiental del río Usumacinta, específicamente en el territorio de Tabasco. Este caudal se caracteriza por ser el más grande de México y se encuentra en cierta medida conservado pues no tiene grandes represas, mientras que en el río Grijalva hay cuatro represas y se encuentra muy intervenido por el ser humano.

La zona del sureste es la que concentra la mayor biodiversidad del país, de ahí el interés del especialista en ecología geográfica por estudiar el cambio de uso de suelo. Entre análisis realizados, el investigador destacó la aportación de Alberto Gallardo Cruz, quien con un mapa de la zona inició en el año 2000 la medición de la cobertura de las áreas verdes, compuestas entonces por selvas y bosques. Gallardo Cruz hizo una comparación año con año, marcando con puntos rojos la extensión que se ha ido perdiendo de selva hasta 2016.

“Se observó que Guatemala está en un proceso de degradación que México vivió en los años 70 y 80 del siglo XX en la zona. También se observa que las Áreas Naturales Protegidas de México como Calakmul y Montes Azules han conservado la cobertura vegetal y los sistemas ecológicos, pero las orillas de las reservas se están poblando y se están transformando mucho. Esto nos hace reflexionar que a pesar de las políticas de conservación implementadas, en México continúa el proceso de degradación”, recalcó Enrique Martínez Meyer.

En opinión del investigador las evidencias científicas servirán en la toma de decisiones de los gobiernos federal, estatal y local. El desafío del cambio climático actual será que como sociedad nos organicemos para la toma de decisiones.

Por otro lado, reconoció que México ha sido uno de los países que más visibilidad y más proactividad tienen a nivel internacional en materia de cambio climático, al interior se ha reformado la estructura gubernamental, existe el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, se creó la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático y las leyes se están orientando hacia el tema, así como las actividades productivas.

El doctor en filosofía con especialidad en geografía por la Universidad de Kansas dio varios ejemplos de los estudios que se realizan en México en la conferencia “El cambio climático y la dinámica biológica” en El Colegio Nacional con motivo de los 25 años de existencia de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, el pasado 14 de diciembre.