Viernes 24 de noviembre del 2017

Uno de los legados de los mayas es su hermandad con la naturaleza: Mercedes de la Garza

En las cosmogonías, mitos y creaciones de diversos pueblos religiosos del mundo se encuentran ideas fundamentales sobre el ser humano y su vínculo con el mundo natural, sobre el por qué y para qué de su existencia, que constituye una lección de vida, afirmó María de las Mercedes Guadalupe de la Garza y Camino.

Con la conferencia Mitos y creencias mayas de la hermandad hombre-cosmos, una lección de vida para el mundo actual, la especialista del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) respondió a su reciente investidura como doctora honoris causa por la UNAM.

Contrario a la actitud ante el mundo natural de muchas personas pertenecientes a la cultura occidental actual, los mayas, desde la época prehispánica hasta hoy, han tenido un vínculo excepcional con la naturaleza, que permite hablar de una verdadera hermandad, en particular con los animales y las plantas.

Para la civilización maya-quiché, las eras cósmicas se centran en el Popol Vuh (relato épico basado en leyendas que narran el origen del mundo) en la creación del ser humano, y explican con un extraordinario lenguaje simbólico su evolución hasta culminar en el hombre verdadero de la época actual.

Según este texto fundacional, fueron creados por los dioses primero de barro y luego de madera, pero ambas versiones resultaron sin razón ni sentimientos; se hicieron entonces de masa de maíz, material definitivo que nos dio vida, refirió De la Garza.

La forma humana, la existencia, el lenguaje y la multiplicación no bastan para ser hombre. “Lo que lo hace humano es el espíritu, pensado en el texto como entendimiento y memoria, y está radicalmente ligado al principio vital: la sangre”, resumió.

Para los mayas, prosiguió, la conciencia sólo puede radicar en un ser vivo con corazón, sangre y humedad: la materia que constituye al cuerpo es lo que determina la existencia del espíritu.

“Hoy sabemos, gracias a las ciencias de la vida, que el cerebro, la materia, es lo que determina lo que llamamos espíritu, y que no hay un alma constituida por una sustancia divina, diferente e inmortal. Eso es sólo para los creyentes en algunas religiones”, aclaró.

Así, el Popol Vuh, como la neurociencia actual, nos da a conocer que cuerpo y alma no son dos sustancias diferentes. “Ello contrasta con el Génesis, en el cual el espíritu no es material, es un soplo divino”.

En el Aula Magna del IIFL, la también investigadora emérita, explicó que “el Popol Vuh es el equivalente a los textos sagrados, y habla del origen humano de los mayas, de su verdad.

“Los mayas yucatecos han mantenido un camino que los une a su pasado y a su futuro, además de conservar la memoria del tiempo antiguo y sus creencias. Esperan el retorno de aquellos grandes hombres que no han muerto, sino que llevan una vida latente en algún sitio sagrado, desconocido, y durante el día se mantienen petrificados”, concluyó.