Viernes 18 de agosto del 2017

CARACAS: Por Héctor Tenorio

*Un libro que esperaba Venezuela

Parte de la idiosincrasia del venezolano es que todo inicia más tarde de la hora pactada, por lo que no resulto raro que la conferencia de mi libro: “Prisión, gloria y ocaso de Hugo Chávez editado por el Instituto Belisario Domínguez del senado de la República, tuviera la misma suerte. Se programó para las nueve de la mañana, sin embargo, el chofer pasó por mí 50 minutos después de lo pactado.

En un principio el pánico me invadió, luego llegó la calma y más tarde el desconcierto el chofer se fue lo más lento posible y me explico sobre las vialidades de la ciudad, cuando agotó el tema comento sobre el compartimiento la oposición venezolana.

- “Yo no los entiendo, para qué queman personas, destruyen árboles para hacer barricadas, para qué levantan alcantarillas, destruyen el pavimento. ¿Qué ganan? ¿Cuánto falta para las elecciones?, son el próximo año, en diciembre que inscriban sus candidatos y ganen con voto”.

Entonces sonó el celular, era el escritor Luis Alberto Angulo quien me pregunto si ya había iniciado la presentación.

Le contestó con una voz de preocupación.

-Apenas entramos a la avenida Urdaneta.

Él me pregunto cómo veía las cosas, es la pregunta favorita de todos.

Le ofrezco mi punto de vista.

-Vivimos una tensa calma.

El me aseguró que la política se está imponiendo sobre el discurso belicista del Donald Trump ya que los países de América Latina no quieren una invasión a Venezuela ya que los siguientes serían ellos.

Llegó a la conferencia estaba vacía la sala de conferencia del octavo piso del edificio Central del Poder Popular para Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas (Minppibes). Las edecanes acomodaron mis libros y se formaron para tomarse la foto conmigo, pusieron la bandera de Venezuela quedó atrás como fondo, una de ellas se dirigió a mí.

-Profesor, déjeme tomarme la foto con usted, por favor fírmeme su libro, es un honor que este en Venezuela, gracias por venir. Momentos después llegó el constituyente Pedro Arias, por respeto a él, dejo de dar autógrafos, hubo quejas, pero es hora de iniciar la presentación con una hora y media de retraso.

Antes de empezar la conferencia se cantó el himno nacional, se lanzaron vivas a Venezuela, a Chávez y a Nicolás Maduro.

El constituyente invitó a la constituyente Gregoria Laya quien habló sobre la necesidad de que los ciudadanos participen en el proceso de la Constituyente con ideas y propuestas, “el país atraviesa un momento muy delicado y este instrumento democrático es el único con el que contamos”.

El constituyente Pedro Arias hizo observaciones sobre mi libro, y puntualizó que Chávez no fue un caudillo como digo en parte de escrito. Aunque destacó que la obra es un aporte a la historia de Venezuela en un momento clave y agradeció el esfuerzo que había realizado de viajar.

“Gracias por devolvernos parte de los manuscritos de Hugo Chávez muchos se perdieron ya que fuimos perseguidos”.

Rosa Blanco fue la moderadora de la conferencia y de manera espontánea comento como se convocó este evento de formas exprés.

“La semana pasada acompañé a Pedro a la televisión y conocí a Héctor quien había ido también a que lo entrevistaran, mientras Pedro hablaba en la tele, Héctor me conto todos los sacrificios que había hecho para llegar a Venezuela. Él había ido a la televisión buscando un lugar para presentar su libro. El destino nos unió y hoy estamos todos reunidos aquí”.

Aplausos.

Los más de 150 personas me observaron y esperaron el momento de oírme, hice algunas precisiones y acepté que Chávez no era un caudillo en un sentido estricto, “en el Plan Zamora que se ejecutó el 4 de febrero 1992, él era parte de un grupo de rebelde, la idea era hacer un gobierno de transición para convocar a elecciones”.

Luego cometo como el 27 de noviembre de 1992 me levante en armas para derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez. Algunos presentes avalaron las historias que relaté; vi de reojo a una mujer que empezó a llorar y otros contuvieron la respiración como si hubiera abierto una herida profunda.

24 años después volví a la ciudad donde estuve a punto de morir en nueve ocasiones, lo que dije por más de cuarenta minutos conmocionó a los presentes.

“La amenaza del imperio sobre nación nos obliga a no tener dudas, todos debemos jurar lealtad ante la patria, yo solo soy el último hijo de Bolívar y el primero soldado de Venezuela”.

La gente se levantó y fue a buscarme un abrazo de un mexicano que a lo largo del tiempo les demostró amor y lealtad a su país.

Más artículos

Golondrinas en el alambre
Un frente anti AMLO
El PT recibe dinero de China