Martes 4 de julio del 2017

ACENTO: Salvador Flores Llamas

*Pinceladas en la vida de Cárdenas

Michoacán ha dado a México cuatro presidentes: Anastasio de Sales Ruiz Bustamante fue dos veces (1832-32,1837-41), Lázaro Cárdenas del Río al inicio del siglo XX (ambos nacieron en Jiquilpan) y Felipe Calderón Hinojosa en el segundo sexenio del XXI.

Sólo lo supera Veracruz, con el charlatán su Alteza Serenísima Antonio López de Santa Ana, que fue 11 veces en el siglo XIX, Miguel Alemán Valdés (1946-52) y el sucesor Adolfo Tomás Ruiz Cortines (1962-68).

Cuauhtémoc Cárdenas nació en el Hospital Militar, no en Los Pinos, como se cree, el 1 de mayo de 1934, con su padre en campaña presidencial; accedió a la residencia oficial de 7 meses el 1 de diciembre, y nadie niega su calidad de nativo de Michoacán, donde lo registraron. Tuvo dos hermanas mayores: Palmira, hija también de doña Amalia, nacida y muerta en 1933, y Alicia, hija del primer matrimonio de Lázaro, de cuya madre se divorció, pero doña Amalia la llevó a vivir a Los Pinos, le celebró allí sus 15 años y creció con Cuauhtémoc.

Éste la apreció mucho. Como jefe de gobierno del DF tuvo de edecanes a dos esbeltas hijas de Alicia y el actor Abel Salazar, y ya de expresidente, el general le mandaba pagar sus francachelas con artistas gorrones.

El Castillo de Chapultepec dejó de ser la residencia presidencial con Lázaro, que lo estimó impropio para un país democrático; compró la Hacienda de La Hormiga, allí construyó Los Pinos, nombre de la hacienda (de las afueras de Tacámbaro, Michoacán) de D. Cándido Solórzano, padre de Amalia, donde pidió su mano.

Él era un joven general de 25 años y gobernador de Michoacán. Narran que cuando eso ocurrió, D. Cándido simplemente llamó a la hija y le preguntó si estaba acorde con casarse con su pretendiente; y accedió ante la respuesta afirmativa.

Del expresidente se dijo que tuvo 114 hijos, aparte de Cuauhtémoc. Cuando éste se lanzó a presidente la primera vez contra Zedillo y Fernández de Cevallos, para denigrarlo, Zabludovsky entrevistó a 6 medios hermanos en su noticiero.

De Carlos Gálvez Betancourt (amigazo de Echeverría, a quien acompañó –con López Portillo-- a raptarse a su novia María Esther Zuno (pues el futuro suegro, general J. Guadalupe Zuno lo veía un burócrata insignificante) llegó a decirse que era su hijo por la prominente jeta.

En la campaña de 1994 no tuvo suerte el hijo del “Tata”, apreciativo que los lambiscones pusieron al general, para compararlo con Tata Vasco, quien capacitó y organizó para la vida y civilizó y evangelizó desinteresadamente a los tarascos.

En 1988, al parecer arrasó en los comicios presidenciales; se dijo triunfador inobjetable, más se dejó convencer por su rival priista Carlos Salinas de Gortari (durante una cena en la casa de Manuel Aguilera Gómez) quien le ofreció el registro de un partido (cuando sólo Gobernación lo otorgaba). Así nació el PRD, su trampolín para lanzarse 2 veces a la Presidencia. Andrés Manuel López Obrador le impidió la tercera, al arrebatarle el partido.

Lázaro fue general a los 25 años y gobernador de Michoacán a los 33; su férreo cacicazgo se extendió de 1928 hasta 62, cuando López Mateos envió de gobernador a Agustín Arriaga Rivera a menguar su imagen, que sus gentes cultivaban con extremo celo.

Al iniciar Echeverría su campaña presidencial por Michoacán, en los límites del Edomex, lo recibió el divisionario y exgobernador Dámaso Cárdenas, de los 7 hermanos de Lázaro, muy solícito. En cada pueblo indicaba a LEA: esa escuela, el puente y centro de salud los construyó mi hermano; el dispensario lleva el nombre “Felícitas del Río”, mi madre, y por doquier le mostraba estatuas del general.

Aburrido del run-run cardenista, LEA ordenó retirárselo al Gral. Castañeda Guzmán, su jefe de seguridad, concluido el segundo día. Dámaso fue favorito de Lázaro, lo suplió varias veces, con Benigno Serrato y Francisco J. Mújica como gobernador, para ocupar cargos federales ser secretario de Gobernación de Pascual Ortiz Rubio, y presidente del PNR, al que cambió a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y reforzó con los sectores campesino, obrero popular y militar.

Muy cercano al gobierno central, fue secretario de Guerra y Marina de Abelardo L. Rodríguez, por órdenes Calles (Plutarco manejaba la política y Abelardo administraba), pues tras incorporarse a las filas del general Martín Castrejón, de empleado de imprenta en Jiquilpan y publicar un manifiesto maderista, pasó al ejército obregonista con Calles de jefe, que lo tomó bajo su tutela por sentirlo incondicional y medio tonto, y lo encumbró.

Ya presidente lo hacía ir a recibirlo a la estación Colonia del ferrocarril al venir de Sonora al DF, y acodar con él en su residencia de Cuernavaca.

Esas largas horas de espera a que lo sometía fueron malas consejeras; ahí urdió que un destacamento militar sacara a Calles en pijama de su casa de la Colonia Condesa del DF y lo desterrara en avión a California el 10 de abril de 1936.

Cárdenas había removido ya a los jefes callistas de las zonas militares; hizo lo mismo en el gabinete, incluido Rodolfo, hijo de Plutarco, que era secretario de Comunicaciones y en el Congreso surgieron bloques cardenistas.

El “Jefe Máximo” había osado criticar, desde su refugio en Agua Prieta, Sonora, la gran injerencia que Cárdenas concedió a los sindicatos obreros y la incipiente organización del sector campesino, que devino en la CNC.

Tras realizar el primer reparto agrario en Matamoros, Tamaulipas, en 1913, Mújica, el gran ideólogo del iletrado Lázaro, le inculcó las grandes reformas sociales.

Cuando militaban en las filas carrancistas en Sonora, Cárdenas previno a Francisco José Mújica Velázquez que Obregón había ordenado matarlo, le descubrió a los sicarios y eso lo ligó más al futuro presidente; a quien redactó el decreto expropiador del petróleo, fue su secretario de Comunicaciones y de Economía, y se creyó el sucesor. Pero Washington lo impidió y sugirió al general Manuel Ávila Camacho, ex subordinado militar muy cercano de Lázaro, quien lo impuso en Palacio Nacional con descarado fraude electoral contra el también general Juan Andrew Almazán.

Mújica fue gobernador de Michoacán, Baja California Sur (aún territorio) y Tabasco y uno de los diputados constituyentes de 1917 más influyentes y cultos. Había nacido en Tinguindín, Michoacán, estudió latín y humanidades en el Seminario de Zamora, renegó del catolicismo y se fue al extremo socialista.

“¡Qué más quieres Michoacán: arzobispo, presidente y el torero más valiente de la gran Tenochtitlán!”, se oyó un grito estentóreo del tendido de sol en la plaza “El Toreo” de la Colonia Condesa, DF, una tarde dominguera, por una faena que le valió tres apéndices a Chucho Solórzano, “El Rey del Temple”, en noviembre de 1938.

A la sazón el arzobispo de México era D. Luis María Martínez y Cárdenas el presidente, quienes eran michoacanos como el diestro triunfador.

Dos años después en ese coso fue corneado de muerte el espada Alberto Balderas el 22 de diciembre de 1940, dice una placa en una pared exterior del hoy Palacio de Hierro-Durango. llamascallao@hotmail.com @chavafloresll

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