Miércoles 5 de julio del 2017

LUCHA: Por Octavio Aristeo López

*Imposición y rebeldía

Uno de los elementos de la democracia es defender los intereses de poder de los organismos públicos y privados.

Los dirigentes y líderes de los partidos políticos, están realizando ajustes profundos en la lucha por el poder; por ello, están divididos en lo fundamental.

Algunas fuerzas políticas se apartan de los acuerdos generales y buscan la defensa de sus intereses en posiciones que tienen y cuentan; otras fuerzas se integran en otras estructuras organizativas; y, algunas fuerzas se consideran libres y buscan acomodo en otras estructuras para ganar algo en río revuelto.

Los políticos tradicionales quieren recuperar el poder que los políticos modernos les quitaron, cuentan con el apoyo de las bases tradicionales de voto, es su mercancía de negociación, que no cuentan los políticos modernos que están en la cúspide del Poder Ejecutivo.

El poder de los políticos tradicionales esta en las regiones, en el municipio y en las comunidades, se desplaza con agilidad y mucha habilidad es un terreno en el cual no se mueve el político moderno, son indispensables en la capacidad de movilizar masas y manejar operaciones electorales.

Los políticos modernos se apropiaron de los recursos financieros que maneja la Administración Pública Federal, con sus medios de control y de presión, sus alianzas con los sectores financieros y económicos nacionales e internacionales.

Entonces, el juego de fuerzas entre los políticos tradicionales y políticos modernos, es tenso, tanto que provoca inestabilidad porque tienen capacidades distintas: el político moderno tienen el control de la Administración Pública Federal; por esa razón, tienen la capacidad de imponer, de ser impositivos; por otra parte, los políticos tradicionales tienen la capacidad de rebelarse de estos controles impositivos.

Unos quieren cambiar para tener mejores controles y otros no los aceptan para defender sus estructuras de poder ya establecidos; en esta lucha entre las clases políticas, la sociedad está en medio, entre la espada y la pared, a veces la desgarran con los jalones que se dan entre estos dos grupos.

Los políticos modernos con sus reformas, ataca las vertientes que pueden pulverizar a los políticos tradicionales y tener el control absoluto del poder, no compartirlo; quedarse permanente en el poder y evitar la circulación de las elites políticas.

Esto acelera la crisis política en cada cambio, que durara varios años, ya que los políticos tradicionales no dejaran fácilmente sus posiciones de poder y que los políticos modernos desean, pero no tienen la capacidad ni la habilidad de conseguirlo, a pesar de intentarlo, prefieren el glamour y el confort, que el campo no da.

El trabajo de campo es dominio de los políticos tradicionales, en el que no pueden incursionar los políticos modernos; debido a que están involucrados en una dinámica opositora, en el que las reformas se convierten en contrarreformas.

Esto demuestra, que no todos los hilos del poder están en el sistema; son hilos que no se pueden romper sin provocar inestabilidad, esto es lo que observan los políticos modernos, sus limitantes y deficiencias en el trabajo de campo.

Por lo tanto, vivimos periodos de tensión y desgarramientos entre los líderes y dirigentes de los partidos políticos, principalmente en el PRI, PAN y PRD, que han estado en la Administración Pública Federal, en la Administración Publica en las entidades y en la Administración Púbica Municipal, que utilizan esos recursos públicos para financiar sus centros de operaciones, ya sea como políticos tradicionales o como políticos modernos.

Los políticos tradicionales como dirigentes, líderes, jefes regionales partidistas o de organizaciones, operan movilizaciones de masas y son eficaces en la contienda electoral, por consiguiente necesitan recursos públicos y posiciones políticas, son necesarios para los políticos modernos, a pesar de que se necesitan, entran en antagonismo permanente por la imposición y la rebeldía.

Esta imposición de los políticos modernos y la rebeldía de los políticos tradicionales detienen las reformas por distintas vías, entre ellas el asesinato y la corrupción; por lo cual, no existe acoplamiento ni modernización.

Por el monopolio y control de las reformas de un solo grupo de políticos modernos, que detenta el control de la Administración Pública Federal por más de 25 años, necesitan más tiempo y quieren seguir gobernando a pesar de su vulnerabilidad; están confiados de poseer la eficacia de las instituciones electorales para dar legalidad, pero no existen bases suficientes para alcanzar legitimidad.

Por lo que, las reformas de los políticos modernos no tienen bases sociales suficientes para llevarlas a cabo, solo es retórica por su insustancialidad en el electorado, carecer de bases sociales suficientes de apoyo, de aquí la represión sistemática, y la endeble estructura que sustente el proyecto, por los actos de corrupción y las alianzas con el crimen organizado en los tres niveles de la Administración Pública: federal, local y municipal: estas son las debilidades de las reformas y su vulnerabilidad en cada etapa.

La imposición y la rebeldía, están fuera de control. Es postergar las reformas y su rezagó en sus posibilidades de llevarla a cabo. Por más retorica discursiva que instrumenten en el consumo mediático, no logran conciliarse los políticos modernos y los políticos tradicionales a pesar de querer imponer el centralismo sobre el federalismo, por lo que la imposición y la rebeldía, una u otra será sometida o derrotada.

*Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. oaristeolopez@gmail.com

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