Jueves 31 de agosto del 2017

AMENAZA: Por Héctor Tenorio

*El proyecto de Trump para A. L.

El pasado 22 de agosto, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump supervisó las labores de vigilancia fronteriza en Yuma, Arizona. Más tarde insistió en la construcción de un muro para frenar la migración ilegal proveniente de México; amenazó con parar el gobierno estadounidense con tal de lograrlo.

Además, considero seriamente la posibilidad de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En caso de concretarse esta amenaza los efectos en la economía nacional serían desastrosos debido a la dependencia que tenemos con el vecino del norte. El país tendría que reinventarse y expandirse hacia otras latitudes, el problema es que el reto llegaría cuando el presidente Enrique Peña Nieto está a punto de rendir su quinto informe de gobierno y empezará a declinar su poder.

Paralelamente Trump ha expuesto la idea de invadir militarmente a Venezuela, el mandatario Nicolás Maduro buscará la intervención del Papa Francisco. El presidente venezolano quiere zanjar sus diferencias con el magnate estadounidense a partir del respeto, cuestión que se ve compleja porque Trump se negó hablar con él vía telefónica el pasado 11 de agosto.

En este contexto, el 26 y 27 se realizó una demostración militar de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), que cuentan con armamento moderno ruso y el conflicto armado podría alcanzar proporciones inimaginables.

En estas circunstancias Washington retrocedió y por el momento descartó una opción militar en un futuro cercano contra el país sudamericano, prefirió endurecer las medidas financieras que prohíben realizar negocios con nuevas emisiones de deuda del gobierno y de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA).

Es necesario retroceder en el tiempo para explicar el origen de las hostilidades unilaterales del imperio. Desde junio del 2001 los estadounidense decidieron elaborar un plan para derrocar al entonces presidente Hugo Chávez, lo lograron el 11 de abril del 2002, pero el mandatario de facto, Pedro Carmona, cuando se juramentó desapareció los poderes y juró sobre la nada, más tarde el empresario traicionó a quien lo había respaldado y terminó derrocado; Chávez regresó a Miraflores, desde entonces los halcones de la guerra no han cejado en su empeño de acabar con el proyecto de la Revolución Bolivariana.

Sin duda Maduro ha enfrentado todo tipo de adversidades desde que asumió el poder hace cuatro años, como no han podido quitarlo. En su desesperación la oposición fue mal aconsejada desde Colombia y radicalizó sus protestas a partir del 5 de abril; quemaron a 29 personas de las cuales nueve murieron, intentaron imponer el terror, el detalle es que terminó afectando a sus bases.

Los más de ocho millones que respaldaron a la Asamblea Nacional Constituyente, el 30 de julio, son chavistas y opositores arrepentidos de haber apoyado a las guarimbas. A partir de ese proceso electoral sólo ha habido dos movilizaciones antigubernamentales: el 31 de julio y 11 de agosto ambas no rebasaron los seis mil asistentes.

Esta nueva mayoría electoral, en caso de mantenerse cohesionada, se llevaría gran parte de las 23 gubernaturas que estarán en juego el 10 de octubre. En contraste, la casi totalidad de los liderazgos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), quedaron inhabilitados.

Sin embargo, Acción Democrática (AD) se desligó de ellos y se preparan para ganar. Tendrá que luchar en contra de su propia militancia ya que descalificaron al árbitro electoral y ahora se sujetan a las reglas.

El único recurso que les quedan a los inconformes es desestabilizar la economía con el dólar today (dólar negro) que ha provocado una inflación galopante, la cual debe ser resuelta antes de las fiestas decembrinas si no quieren que la población le dé la espalda a la Constituyente.

En la ira de Trump, la siguiente víctima sería Cuba. Ante tal reto, se necesita la unidad en América Latina, respetando las diferencias.

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