Miércoles 21 de febrero del 2018

ARRANCAN: Por Octavio Aristeo López

*Vasconcelos y las candidaturas presidenciales

Arrancan los candidatos a la Presidencia de la Republica, todos se sienten salvadores de la nación siendo culpables de lo que está sucediendo.

Revisando algunos textos de José Vasconcelos Calderón (1882-1959), escritor y político mexicano, fundador del Ateneo de la Juventud y del Partido Constitucionalista Progresista, candidato a la Presidencia de la República por el Partido Nacional Antirreeleccionista en 1929, encontré escritos que involucran sus experiencias personales en una etapa histórica: la caída del viejo régimen, la lucha armada, la consolidación de las instituciones y la decepción de los sucesivos gobiernos.

Estos escritos políticos y literarios, que considero de actualidad, es una especie de réplica política que viene desde 1929, solo hay que identificar quien desempeña el personaje político de José Vasconcelos, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón Salido en esta época del siglo XXI.

Además, es una prueba de la permanente intervención del gobierno norteamericano en los asuntos políticos de México; Dwight Whitney Morrow (1873-1931), político, diplomático y empresario, fue nombrado embajador de Estados Unidos en México de 1927-1930 por John Calvin Coolidge Jr., Presidente de los Estados Unidos de 1923 a 1929.

Es conocido por su apoyo al presidente Plutarco Elías Calles en la Guerra Cristera y por la fundación del Partido Nacional Revolucionario. José Vasconcelos Calderón, escribe en su tiempo político: “En ese tiempo Calles protegido de la marina yankee, hacía y deshacía presidentes”.

“En los últimos tiempos se había convertido Obregón en un cínico que recorría el país en bacanales de alcohol, sangre y desorden. La ignominia alcanzo a no pocas ciudades que lo recibían con bailes en el que le eran ofrendadas las hijas, las esposas de sus antiguos enemigos. Probablemente Santa Anna nos había llevado a semejante bochorno”.

“El descaro con que fue abrogado el principio de no reelección…el desprecio absoluto de todos los valores morales y patrióticos, habían hecho de Obregón un monstruo. Todo esto explica que Toral, su matador, se convirtiese de pronto en ídolo y en un santo”.

“En todo caso, asustado Calles por la responsabilidad que los obregonistas le achacaron en el fracaso de Obregón, y asesorado por el embajador Morrow, prometió libertad electoral; juró que se retiraría del mando. Y la pobre nación, sin fuerza para consumar una rebelión general justiciera, le tomó la palabra al mendaz”.

“Y empezaron a organizarse partidos políticos y clubes y se comenzó a buscar al hombre que pudiera crear una situación nueva. Rodolfo Uranga había acuñado una frase feliz para designar a nuestros compatriotas desterrados por diversas causas, en gran parte por la persecución religiosa: ´El México de afuera´. Abarcaba el nombre más de dos millones de almas, víctimas de los malos gobiernos de nuestra patria”.

“Pero, en todo caso, yo no voy a deberle el poder a un seudopartido que luego querría manejarme. Yo me comprometeré con el pueblo, no con los politicastros; ganaré el poder, si lo gano, en una suerte de plebiscito. Y no gobernaré con camarillas, gobernaré con la nación, tomando a los hombres honrados donde los haya”.

“¿Partiditos? Yo también puedo hacerlos. Nada quiero con esos políticos de México… los cargos de la oposición contra Calles. Le hable con franqueza de la entrega del país a los banqueros de Morrow, de la claudicación en las leyes del petróleo y, sobre todo, de la política agraria; los extranjeros, con solo comprar los despreciados bonos de las indemnizaciones, ganaban títulos sobre las fincas más valiosas del país”.

“Añadía mi reprobación de la política de asesinatos brutales; recordé el fracaso educativo a causa de la incompetencia de mis sucesores y porque el dinero se gastaba en el ejército que sostenía por la fuerza al gobierno y no dejaba recursos para la educación”.

“Lo que el norteamericano dominante quería era ver desaparecer de México el catolicismo que representa la latinidad, el tipo de civilización que nos integra a nosotros y les estorba a ellos para la conquista moral que consolida la intervención en la economía y la política. Todo se lo perdonaban a Calles porque les servía de brazo para pegarle a la Iglesia”.

“La suerte estaba echada; mi campaña constituiría un esfuerzo de reintegración de México a su ser propio; para ello, tendría que enfrentarme en forma radical con todos los enemigos juntos: la Banca de Wall Street, que apoyaba a Calles y a Morrow; el gobierno americano, que apoyaba a su banca y desarrollaba sus viejos planes; la opinión liberal yankee, cargada al protestantismo; los políticos ladrones, que administraban a México como un botín de guerra; los generales asesinos, que aterrorizaban; toda la cáfila de enemigos desleales de una patria estrangulada, opresa, sufriente”.

“No eran valor muerto las ideas morales; tarde o temprano la ley terrible se cumple; el que a hierro mata a hierro muere”. “¡Acudiré a la cita que me pone el Destino!”

El economista indio, Amartya Kumar Sen (1933), Premio Nobel en Ciencias Económicas en 1998, sentencia: “la relación entre la desigualdad y la rebelión es estrecha y opera en ambos sentidos. Está claro que una sensación de falta de equidad es común en la rebelión de las sociedades, pero es importante también reconocer que una impresión de falta de equidad depende de las posibilidades de una rebelión.”

*Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. oaristeolopez@gmail.com