Jueves 26 de octubre del 2017

DESCONTROL: Por Octavio Aristeo López

*Participación ciudadana desorganizada

*Al gobierno le conviene este escenario

*La Constitución apoya la organización

Sabemos que la sociedad mexicana es dinámica y solidaria, pero esta desorganizada, solo la clase gobernante, famélica y autoritaria, está organizada para controlar las instituciones y los recursos públicos, esto los hace fuertes.

En consecuencia, se dedica diluir la participación ciudadana, que la sociedad dinámica no tome las instituciones que son de ella e impiden ser rebasados por los ciudadanos como clase gobernante, fomentan la desorganización y la desinformación para que no se construya el músculo social que le de fuerza.

Por ello, sostengo que sí existió organización y administración en la tragedia del 19 de septiembre de 2017 por parte del gobierno, pero provocó confusión en los centros de acopio, en las zonas de desastre, calles y avenidas del centro, norte y sur de la Ciudad de México para crear caos.

Ser ciudadano es participar en los asuntos públicos y no solo es levantar piedras o una pala, un pico y ponerse un casco. Deben levantar denuncias, unidos, fortalecer el Estado de derecho y salir del confort, que provoca miedo y temor, es alimento de pesadillas en lugar de sueños.

Los recursos públicos, es dinero del ciudadano y el ciudadano debe exigir hacia donde se canalizan esos recursos que el gobierno se apropia. El dinero no es del gobierno, la sociedad organizada les puede quitar ese dinero, está en la Constitución.

La sociedad no tiene organización para administrar los recursos, no tienen cuerpos administrativos especializados; el gobierno sabe de esta situación y se aprovecha, de ahí que abusa al detener la energía social.

Tampoco creo que los funcionarios estén distraídos, de paseo o tengan un trabajo sencillo y fácil, están ahí para crear un vacío de información para la gente, no a ellos.

Existe organización en la distribución de los apoyos, en administrar los recursos humanos y financieros, para beneficio personal de los gobernantes o de la clase política.

Estoy lejos de ser especialista en desastres. Pero, ¿Es tiempo suficiente como para establecer canales de comunicación adecuados en zonas sísmicas? Pregunto: ¿pido demasiado?, quizá soy duro.

Pero también veo a la gente deambular, queda claro que los gobiernos son protagonistas en el manejo de crisis, en crear desinformación para que los ciudadanos no se organizasen ni coordinen los esfuerzos, así enfrentan la tragedia ante una participación ciudadana desorganizada.

Están encerrados, ausentes de sueños en sus zonas de confort, enfrentando tragedias y diseñando temores y miedos sociales; organizan caos y confusión, coordinan pesadillas y no sueños, están en su cuarto de guerra jugando a la muerte y administrando los tiempos para “nadar de a muertito”.

Es la comunicación social que manejan en situaciones de crisis: ocultar información, evitar ser acusados de negligencia criminal, provocar desinformación, ser protagonistas de egos, gastar miles de millones en publicidad.

El ejemplo claro es el caso de Santiago Nieto Castillo, destituido como titular de la Fiscalía Especializada en Atención de Delitos Electorales de la Procuraduría General de la República, que tiene la posibilidad de ser reinstalado en el cargo por la mayoría de los integrantes en el Senado de la República, como señala el artículo 18 transitorio del Decreto de reforma constitucional en materia política-electoral, publicado en el Diario Oficial de la Federación, el 30 de enero de 2014.

El PRI junto con el PVEM solo tiene 56 de 128 senadores, 66 son del PAN, PT y PRD, los 5 restantes no tienen partido, por lo que, éstos restantes pueden vender sus principios y los intereses de la nación.

Espero sea reinstalado Santiago Nieto Castillo por el bien de la República y no triunfe un acto autoritario por investigar si sobornos de la empresa brasileña Odebrecht financió la campaña presidencial electoral de Enrique Peña Nieto a través de Emilio Lozoya Austin, ex director de Petróleos Mexicanos.

Los mexicanos tenemos futuro, pero seguimos mareados e impide ponernos de pie. Somos solidarios, pero algo evita organizarnos y solo exigimos, pero no actuamos para salir del infierno en que nos encontramos, solo los que salen de las ruinas dan esperanza ante la desesperanza de una cultura sísmica y cívica.

Los muertos provocan cambios, porque los que están vivos se ven como muertos con el corazón roto, están alertas, abren una ventana nueva y buscan salir de la pesadilla, soñando. ¿Hay todavía esperanza de vida? Y si buscas respuestas a estas preguntas, encuentras versiones diferentes. En cada lugar puedes encontrar versiones distintas.

Existen dos datos duros visibles que han dejado los sismos en la Ciudad de México: la permanencia de la Torre Latinoamericana por su construcción con estructura de acero y gatos hidráulicos necesarias en zonas sísmicas, y existe una media de 30 años para que ocurra otro sismo en la Ciudad de México. También existen datos que señalan que son pocos los sismos que rebasen los 8 grados de magnitud como en Japón y Chile.

Así tenemos que el sismo del 28 de julio de 1957 fue de 7.7 de magnitud en la escala de Ritcher; el sismo del 19 de septiembre de 1985, 28 años después, tiene el registro de 8.1; y el sismo del 19 de septiembre de 2017, es de 8.1; 32 años después del sismo de 1985, sigue la participación ciudadana desorganizada

*Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. oaristeolopez@gmail.com