Jueves 05 de octubre del 2017

Fueron advertidos, no hicieron caso y ahora son culpables de muchas muertes y daños

*Así se administra la CDMX, de las más pobladas del mundo

*Al descubierto funcionarios improvisados y corruptos

*El ingeniero Pujalte documenta responsabilidades

El ingeniero Ángel Pujalte Piñeiro, colaborador de esta Grilla en el Poder, México en las Noticias, hace un recuento de las vilezas con que se administra la Ciudad de México, una de las más pobladas del mundo, y ofrece partes de los contenidos de los libros que ha escrito y en los que alerta de los peligros a que los malos gobernantes condenan a la población, pero sobre todo reafirma que de no enderezar el rumbo, lo ocurrido este recién septiembre negro puede ser más dramático en un futuro no muy lejano. Aquí esta interesante y oportuna advertencia.

PERVERSIDADES: Por Ángel Pujalte Piñeiro

*Realidad de los derrumbes Finaliza la remoción cuidadosa de escombros en búsqueda de cuerpos en los inmuebles colapsados por los sismos del patrio y nefasto mes de septiembre. Y conforme se asienta el polvo y disipa el efervescente estupor de la sorpresa, las emociones evolucionan de la angustia por las victimas desconocidas al coraje a culpables anónimos.

Mientras políticos buscan llevar agua a su molino y regresar a la normalidad lo antes posible, ya que el estatus quo parpadea cuando la sociedad se despierta y organiza. Rendija que solo permanece abierta lo que tarda la sociedad en sosegarse, volver a dormirse, desorganizarse y retornar a la inconsciente mansedumbre y docilidad. A la “sonambúlica normalidad” de la que la despertó una erupción de la acumulación de detritos de corrupción, estupidez y negligencia gubernamental.

Como aclaró la sismóloga Yoli. Las tragedias no las causan desastres ni catástrofes, pues los sismos e inundaciones son fenómenos naturales normales. La Naturaleza no engaña ni sorprende. Solo se inundan los que ocupan lugares que pertenecen al agua y solo se derrumban las estructuras que están mal calculadas, mal construidas o mal utilizadas. Las tragedias resultan de errores humanos perfectamente evitables.

El sector público implicado en la construcción hace causa común con el Cártel inmobiliario para hacer ver que la mayoría de los inmuebles demolidos se construyeron antes del temblor de 1985 y las últimas reformas al reglamento de la construcción del D.F., con lo que sugieren que la corrupción del gobierno no tiene culpa y que las manos libres de los inmobiliarios se portan bien.

Medias verdades que son grandes mentiras. La realidad aparece al iluminar aristas que permanecen en penumbra. La primera es la causa por la que este temblor no demolió tantos inmuebles como el de 1985. La segunda es aclarar por qué este sismo tumbó edificaciones que no demolió el de 1985. La tercera es volver a señalar errores en el reglamento y usos acostumbrados en la construcción que documenté desde hace más de 20 años, que me he cansado de denunciar y persisten hasta la fecha.

Sobre lo primero, el 23 de septiembre Azam Ahmed, Marina Franco y Henry Fountain publicaron en el New York Times un artículo titulado “Luck, Not Tougher Building Standards, Spared Mexico in Quake”, lo que es un gran acierto. Fue la suerte y no la dureza de los estándares de construcción (léase reglamento y costumbres) lo que indultó a México de mayores daños en el terremoto. (Liga del artículo: https://www.nytimes.com/2017/09/23/world/americas/mexico-city-earthquake-buildings.html?ref=nyt-es&mcid=nyt-es&subid=article)

El artículo refiere tres entrevistas. La más interesante es al Dr. Eduardo Reinoso, investigador de ingeniería sísmica de la UNAM. El Investigador señala que los dos sismos son diferentes. Es cierto, el del 85 tuvo una magnitud 30 veces mayor, con epicentro a 700 kilómetros de distancia, demolió alrededor de 350 edificios y mató alrededor de 12 mil 500 personas (de acuerdo con las actas de defunción del Registro Civil). Mientras que el del 2017, aunque de menor magnitud, la cercanía del epicentro, de entre 80 a 100 kilómetros, hizo que a la ciudad golpearan ondas sísmicas con otras frecuencias de oscilación. Los factores que considera el Investigador: magnitud, distancia y profundidad del epicentro, orientación de las placas y frecuencia de oscilación de las ondas sísmicas, inciden en los efectos de un sismo.

La frecuencia de oscilación de las ondas sísmicas pueden resultar simpáticas con la de un espesor del estrato de arcilla de la ex zona lacustre de la Cuenca de México y esta a su vez con la de algunos inmuebles, determinada por su rigidez.

Por esa razón un principio de diseño sísmico de estructuras indica que en suelos flexibles se deben colocar estructuras rígidas y en suelos rígidos estructuras flexibles. Para evitar que la estructura entre en resonancia con el subsuelo, que resuene con un sismo. Ya se pudo haber estudiado la frecuencia de oscilación de las distintas regiones de la ciudad sobre ex-lagos para normar la edificación de estructuras sobre esta base y corregir la rigidez de las que se descubran con ese riesgo.

Pero ese razonamiento no explica totalmente lo que evito que hubiera más colapsos ni el de edificios que habían sobrevivido al sismo del 85. Porque falta considerar un factor relevante obvio. Que no consideran los investigadores y profesionistas cuyo conocimiento prescinde de la experiencia. De los teóricos puros o improvisados.

El factor soslayado es la duración de los sismos. El del 85 duró alrededor de un minuto y medio, 90 segundos, mientras que el del 2017 apenas duro cuarenta segundos. Si el sismo del 19/S/17 también hubiera durado 90 segundos como el del 85, no se hubiera caído el 10% de lo que tumbó el del 85 ni serían cientos los muertos, ni el número de edificios dañados sería el que todavía falta determinar.

Sin embargo, este rescatable investigador aportó una causa de mucho fondo en el riesgo que acecha a la ciudad. El Dr. Eduardo Reinoso refiere que lidero un estudio de 150 edificios construidos después de la reforma a la normatividad de la construcción del 2004, en la que encontró que muchos no cumplían con las normas oficiales. Que varios edificios de los que revisó ni siquiera tenían el papeleo suficiente de planos y otros elementos necesarios para revisar por completo el cumplimiento (¿que falta?). De lo que concluye que, “como sucede con tantas cosas en México: el problema no es la ley, sino (la forma) como se acata. Ya sea por falta de voluntad política, corrupción o disfunción burocrática”. Esta sola verdad es una causa que sobrepasa y anula a todas las demás.

Respecto a la segunda incógnita, la causa por la que un sismo menor demolió inmuebles que sobrevivieron a uno mayor la explican documentos del año 2003 que hablan por si mismos y prueban que desde el 2002, el Comité de Estudios del Colegio de Ingenieros Civiles de México intentó resolver el abandono de los edificios dañados por el sismo de 1985 y la respuesta de las autoridades.

Anexo siete documentos involucran y prueban la culpabilidad de homicidio y daños y perjuicios del Coordinador Técnico de la Secretaría de Obras y Servicios del Gobierno del Distrito Federal, del Secretario de Obras y Servicios, GDF, del Director General de Protección Civil de la SEGOB, del Director General de Protección Civil del GDF y finalmente de forma directa del Jefe de Gobierno de aquel tiempo.

El Comité de Estudios se ciñó a los 5,177 edificios que consigna el libro “Estudios Sobre Sismicidad en el Valle de México”, porque en 1988 lo elaboró la propia Secretaria General de Obras, del Departamento del Distrito Federal. Pero no eran todos los edificios dañados sino solo una parte. Revisiones posteriores consignaron cifras mucho mayores. Y muchos inmuebles afectados no fueron incluidos en ninguna relación.

En los edificios de una muestra que el Comité de Estudios verificó la situación, encontró una incuria alarmante. Expuesta por grietas a la vista por las que pasaba una mano. Algunas explicaciones no autorizadas eran que los particulares se negaban a colaborar y amparaban. La realidad es que con ánimo de salir del paso y darle vuelta al asunto, se dejó la rehabilitación o reparación de los inmuebles, al libre albedrío de los propietarios. Los que en muchos casos solo taparon los daños sin rehabilitar ni reforzar las estructuras.

Tratamiento que cínicamente se conoció como “pintura antisísmica. Cuando los elementos de una estructura se deforman dentro del rango elástico no pierde resistencia, pero cuando la deformación alcanza el rango plástico, sufre pérdida de resistencia. Por lo que rehabilitar la estructura consiste en hacer que recupere la resistencia original. Sin embargo, el sismo del 85 endureció las normas técnicas de las estructuras. Por lo que la rehabilitación después del 85 no consistía en devolverle a las estructuras su resistencia original, sino la resistencia mayor que establecían las normas técnicas.

El determinar la forma en la que la estructura se movió, la magnitud de los desplazamientos, la resistencia remanente en la estructura y el tipo, forma y diseño del refuerzo necesario para que la estructura adquiera la resistencia que establecen las normas técnicas, no es algo que puede hacer cualquier estructurista. Lo que nos lleva a la tercera arista, pero antes de ello debo hacer otra aclaración pertinente.

La gran mayoría de los servidores públicos ignora lo que significa ser “autoridad”. Los más pequeños mentales, creen que están por encima de la ciudadanía, que se les debe respeto y están autorizados para darles órdenes. Cuando la verdad es que son los únicos autorizados para producir y aplicar el derecho. Lo que no pueden hacer a su libre albedrío, sino solo por el bien común. Muchos pueden promover, pero la producción de derecho solo compete al Poder Legislativo y al Judicial. Y a todos y al Poder Ejecutivo cumplir y hacer cumplir la Ley. Por eso si la ley está torcida, deficiente o es ineficaz, es culpa de una autoridad y si no se cumple también es culpa de una o varias autoridades.

Dicho lo cual paso al tercer punto en análisis, el de los estándares en la construcción, léase errores en las normas y los usos y costumbres torcidos. Las normas se dictan para hormar comportamientos. Son el manual de organización y procedimientos de la sociedad. Por lo que cualquier análisis debe iniciar en las normas, retroalimentarse en los resultados y terminar en las normas. Por lo que así iniciamos.

La primera deficiencia de las normas de construcción, es ignorar que la parte fundamental de cualquier estructura es la cimentación y que la mecánica de suelos es mucho más sofisticada, refinada y compleja que la ingeniería estructural. La mecánica de suelos debe descifrar al mundo verdadero en el aquí y ahora, mientras que la ingeniería estructural trabaja con materiales estandarizados, artificializados.

De la deficiencia anterior deriva que el Reglamento de las Construcciones y los que lo aplican ignoren que la demolición y estropicios de muchas estructuras se deben a falla de la cimentación y no a un mal diseño, construcción o uso de la estructura. Muchas estructuras se demuelen o fracturan no porque falló la estructura, sino la cimentación. Pero como lo que se demuele o rompe es la estructura y es lo que está a la vista, los legos, profanos, diletantes e ignorantes, concluyen que lo que falló fue la estructura y no la cimentación.

La siguiente deficiencia del Reglamento de las Construcciones es el craso error de encomendar a personas físicas sin la capacidad requerida, el cumplimiento de la ley, del reglamento y demás disposiciones aplicables”. Esta pifia no solo ha descontrolado las construcciones, sino que también ha perjudicado el desarrollo de las profesiones relativas a la construcción.

De hecho, al analizar el reglamento de las construcciones brinca una aporía jurídica. En el reglamento la “autoridad” intenta atribuir autoridad a particulares, a personas físicas que no son servidores públicos. ARTÍCULO 32.- Director Responsable de Obra es la persona física auxiliar de la Administración, con autorización y registro otorgado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, quien tiene la atribución en todas aquellas actividades vinculadas con su responsiva, de ordenar y hacer valer en la obra, la observancia de la Ley, de este Reglamento y demás disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales.

La verdadera autoridad intenta desresponsabilizarse de cumplir y hacer cumplir la ley en el ámbito de las construcciones, trasladando ese compromiso y obligación a unos particulares, a los que presuntuosamente denomina “Directores Responsables de Obra”. ¿Y quiénes son estas oscuras figuras, que se supone que hacen y que pueden hacer? Las responsabilidades no se pueden delegar en todo caso se comparten.

Las atribuciones de los DRO son profusas, difusas y confusas. Empezando por las indescifrables: “todas aquellas actividades vinculadas con su responsiva”. ¿Cuáles son? “ordenar y hacer valer en la obra, la observancia de la Ley, de este Reglamento y demás disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales”. Lo que es la aporía jurídica comentada. Y nótese la ambigüedad de “demás disposiciones aplicables”. Una puerta abierta por la que cabe cualquier cosa.

Pero además de la aporía jurídica, existe una craza confusión de ámbitos de competencia. Una cosa son las leyes de los hombres y otra las leyes de la Naturaleza. Las leyes del hombre son actos previstos en forma convencional. Mientras que un profesional cultiva un conocimiento sofisticado, refinado y privativo que lo faculta para administrar una frontera de contacto del hombre con la Naturaleza.

Se les conoce como “profesiones libres” ya que su compromiso no es con las leyes humanas ni obedecer mandatos de jorguines, sino someterse a las leyes de la Naturaleza y descifrar la individualidad, los fenómenos en el aquí y ahora de la frontera de contacto con el mundo real que estudia, para predecir el futuro. Descubrir las posibilidades reales y diagnosticar lo que se debe hacer para lograr un propósito y lo que va a pasar si se hace otra cosa.

El DRO es un sirviente de la observancia de la Ley, del Reglamento y “demás” disposiciones aplicables, incluyendo las ambientales. Como desde 1996 en la primera edición de “La infracultura en la construcción”, aclara, el DRO puede ser un auditor de la legalidad de las obras, que verifique que todo el que deba participar lo haga, que todo lo que deba haber lo haya y gestione la licencia de construcción. Lo que acabaría con las mordidas. Pero carece de facultades reales para asumir todas las responsabilidades que se les acreditan.

Han fastidiado el desarrollo profesional al asumir responsabilidades que no le competen. El DRO ni los corresponsales no son los que diseñan nada, sino que todo lo suscriben. Suscribir es “firmar al final de un escrito, convenir con el dictamen de otro”. Es decir, no investigan, analizan, reflexionan ni diseñan nada, solo suscriben el trabajo de otro. Pero la firma que vale no es la del que carga el morral sino la del que no hace nada.

Esto ha causado un grave daño a la consultaría, porque ha desvalorizado la importancia, jerarquía y retribución económica del trabajo de los ingenieros consultores, de Mecánica de Suelos, Estructuras, Instalaciones, Control de Calidad, etcétera. Como el trabajo no vale ni responsabiliza lo desarrollan improvisados y mal hechos que encargan todo a ciegos y maquinales paquetes de computadora.

Los consultores saben que no son responsables de nada, ya que el trabajo del DRO en las obras consiste en facilitar todo y asumir la culpa de todas las salvajadas que autorizan. Como nada está proyectado a consciencia, en la obra aparecen infinidad de problemas, como elementos estructurales que estorban y el DRO ordena quitar, o elementos caros que el DRO ordena cambiar o ahorros que el DRO ordena hacer. Con lo que lo que resulta en la obra ya no tiene nada que ver con lo que el proyectista entregó, por lo que no puede ser responsable de nada.

Lo correcto es que la firma del que proyecta y calcula sea la que valga y que la responsabilidad permanezca en el que hizo el trabajo. Que cobre por visitar la obra para verificar que se haga lo que proyectó como lo pensó y que no lo haga cuando tenga que ir a corregir errores suyos. Pero siempre manteniendo intacta la integridad de la concepción de su proyecto, de su cálculo y responsabilidad. Lo que induciría un crecimiento en la seriedad, capacidad y responsabilidad del sector de la consultaría de Ingeniería Civil. Con lo que las obras dejarían de fallar.

Esto implica subsanar las deficiencias de otras normas que deberían dar seguridad a las prácticas profesionales y no lo hacen por la ausencia de auténticos gremios o abuso y torpeza gubernamental, como este caso. Lo que, aunque también lo tengo estudiado, me extendería todavía más.

Al revisar la normatividad al DRO y corresponsables nunca se les solicita comprobar las capacidades privativas de las diversas especialidades que concurren en las obras y que él irresponsablemente mangonea. Solo requieren contar con un título, cinco años de experiencia en las obras y recitar como loros las normas. (No aprender a aprender). Lo que ignora las verdaderas facultades que demuestra obtener un título en nuestro sistema formativo. Prefiero de momento eludir hablar de lo que actualmente se está titulando. Pero la situación es para llorar.

La experiencia en las obras tampoco es un antecedente positivo. El que lo crea desconoce las diversas especialidades que concurren y colisionan en las obras. Una cosa es tomar tiempos, otra arriar gente, otra buscar ahorros, otra saber Mecánica de Suelos, otra saber de estructura, de instalaciones, de Control de Calidad, etcétera. Y al que quiera saber lo que se aprende en las obras lo puede leer en el libro “La infracultura en la construcción”. Donde se carea lo que se hace con lo que se debería hacer para mostrar claramente la desviación de conductas. Lo que explica sin dejar dudas el desorden que expusieron los sismos. Y que mientras continúe la infracultura, seguirá pasando lo mismo.

El DRO es la tabla de salvación de todos los papayones que han cursado la carrera de noche y encuentran jerarquía y reconocimiento con solo aprenderse de memoria la normatividad de construcción. Aunque no sepan nada de la carrera ni de ninguna de las especialidades. Tampoco dirigen nada, porque en la obra el único que manda es el de la chequera y el DRO y sus pistoleros corresponsables son otros empleados que dependen del patrón.

El tiempo y las modificaciones a las normas no han variado la esencia de lo que denuncian mis libros, lejos de ello están más vigentes que nunca y cada día se acumulan más evidencias de la seriedad y certeza de sus denuncias.

Eso es lo que denuncio y sostengo en mis libros y por el momento sigo ausente en la publicación de artículos en Grilla en el Poder, pues trabajo en la “Actualización de la Disección de la Ley de Obras Públicas y SRCLM, con alcance ampliado a los fines y medios normativos”. El análisis de una herramienta predilecta de corrupción, por su impunidad y la cuantía de los recursos que permite desviar. Por lo que he dejado pasar muchas cosas, pero esto no podía dejarlo pasar.

https://angelpujaltepineiro.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: Actualización de la Disección de la LOPySRM, El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.