Jueves 19 de octubre del 2017

ACENTO: Por Salvador Flores Llamas

*Peña Nieto vs. Ricardo Anaya

A nadie le escapa que Peña Nieto persigue a morir a Ricardo Anaya, porque impidió que Raúl Cervantes Andrade fuera nombrado fiscal general para que le diera 9 años de impunidad transexenal, y hará hasta lo imposible no sólo para que no llegue a ser presidente de la República, sino ni siquiera el candidato del Frente Ciudadano.

La intensísima campaña contra el líder del PAN abarca prácticamente a todos los medios de comunicación y aun las redes sociales, con calumnias e indagaciones hasta a los ancestros de la esposa de Anaya, que abrieron, como españoles que eran, negocios y cuentas bancarias en la Península Ibérica.

Ricardo pudo atajar éstas por el pitazo de alguien del gobierno, y al parecer Peña desistió de seguir ese camino para no hacer el ridículo.

Las reuniones con la sociedad civil, que el Frente programó para oir opiniones de mexicanos distinguidos en todos los campos e incorporarlas a su plataforma electoral, tienen el beneplácito por su tinte ciudadano, y los acólitos de Peña exigen que, en consecuencia, el candidato presidencial del Frente sea un ciudadano apartidista y que se cierre el paso a Anaya, el prospecto más firme hasta ahora.

Los peñistas aplican el apotegma de Maquiavelo “calumnia, que algo queda” y la táctica de Joseph Goebbels, el cerebro de la propaganda de Hitler: mentira repetida mil veces llega a ser creída como verdad.

El PRI llegó al absurdo de proponer que la Cámara de Diputados forme una comisión para investigar la corrupción del jefe panista Ricardo Anaya. El PAN reviró que también se indague a Enrique Ochoa Reza, dizque líder del PRI, y al dueño de Morena, el Peje.

Anaya debería adelantarse a esta patraña y citar a una conferencia de prensa a todos los medios –incluso a portales de redes sociales- y mostrar pruebas documentales de que su fortuna y la de su familia política son bienhabidas, como replicó a “El Universal”, diario que inició la publicación embustera con notas de 8 columnas, y difunde los desmentidos de Ricardo en recovecos del “aviso oportuno”.

El líder panista debe echar mano de todo lo que esté a su alcance para frenar la inquina de Peña, y dejar claro el mensaje de responsabilizarlo por la integridad física y moral de sus familiares y propia, ante México y el mundo.

Si el agresor no se mide y va escalando la reyerta en contra suya, hay que hacerle frente con todas las armas al alcance.

No debe eludir Anaya que Peña ya atacó a Alejandra Barrales, lideresa del PRD su socia en el Frente Ciudadano, al publicar en el diario preferido lo de su casa de 17 millones en Las Lomas (no vaya a creerse que se trata de la Casa Blanca, de la Gaviota) que ya se había airado hace tiempo, y fue respondido por la interfecta.

Sólo falta que vayan contra Dante Delgado, el otro socio del FC y líder de Movimiento Ciudadano, pues ahí sí hay mucha tela de donde cortar, que lo digan el ex presidente Zedillo y Miguel Ángel Yunes, gobernador de Veracruz; aparte de ser de los políticos que han creado o acrecentado su fortuna con liderar un partido. Menos mal, el daño al Frente sería menor.

Por otro lado, Raúl Cervantes Andrade dice que renunció a la PGR para que no se le tome de pretexto de que no se aprueban las leyes sobre la Fiscalía General, a la que él aspiró y era el “gallo” de Peña con la idea de que le otorgara impunidad transexenal, por lo que se le motejó como el fiscal/carnal.

No hace falta ser muy suspicaz para ver que no aclaró si ya se descartó para ese cargo, y más bien parece una maniobra para ser propuesto después, y hasta Emilio Gamboa, el líder priista del Senado (que utiliza helicópteros militares para ir a jugar golf) indicó que no hay que desecharlo.

Peña dijo que, ante la efervescencia política, hay que pasar el nombramiento del Fiscal para después de la elección presidencial. Sin duda porque espera ganarla, como sea, con carretadas de dinero del erario (como en el Edomex) y entonces impondrá a Raúl, o a quien sea para que lo salve de la cárcel.

Además, Cervantes quiso pasarse de listo al asentar en su renuncia que terminó la investigación del caso Odebrecht, pues salta la pregunta ¿Por qué no procedió, entonces, contra los responsables, Emilio Lozoya y Cía?

Eso es querer dar atole con el dedo a los mexicanos, al estilo de su jefe Peña Nieto.

En otras cosas, Peña Nieto y Videgaray no entendieron que Trump acabaría con el TLC, como lo prometió en campaña, y aún no lo reconocen cuando el “irracional” –como cada día lo motejan más gringos y el mundo en general- pone obstáculo tras obstáculo para acabar con ese acuerdo comercial trilateral.

En su obcecación no atiende opiniones de expertos de que el fin del TLC dañará enormemente la economía de su país, como ha publicado con insistencia “The Wall Street Journal”.

Por desgracia el presidente y el canciller poner a México como vasallo del magnate, cuyos palos de ciego deslumbran y desconciertan a todo mundo. llamascallao@hotmail.com @chavafloresll