Lunes 11 de diciembre del 2017

CHISPAS: De Adonay Somoza H.

*La Virgen del Tepeyac o Virgen de Guadalupe

Generalmente el que esto evoca, solía acudir a la Basílica de Guadalupe, algunos sábados, en donde me solazaba contemplando el famoso ayate con el que Juan Diego demostró a los sacerdotes incrédulos de aquellas lejanas fechas, que no era un mitómano.

Miles de peregrinos provenientes de la capital, o de la extensa República Mexicana, así como del extranjero desfilan ante la impresionante figura impresa en un vulgar costal de cáñamo, cubierta con una vitrina de cristal blindado.

Algunos investigadores europeos, con previa autorización de los altos jerarcas católicos, tuvieron acceso directo al original para demostrar que la obra pictórica fue plasmada por la mano del hombre, así como la enigmática figura de Juan Diego impresa en los ojos de la Guadalupita; transcurridas las exhaustivas investigaciones, llegaron a la conclusión que era algo desconocido (Quizá un milagro, inadmisible para la ciencia). Por supuesto, cada persona es libre de emitir sus conclusiones referentes al acontecimiento.

Pero, traslademos nuestras remembranzas a lo indicado por la historia: Año: 1531. ubicación: Cerro Tepeyac, México, en donde sucedieron los hechos referentes a las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Precisamente al pie del Cerro Tepeyac, en la Ciudad de México, en donde se ubica el Santuario Mariano, conocido oficialmente como insigne y nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, donde se guarda y venera la Reliquia de la Aparición de la Virgen, conocida como el ayate o tilma de Juan Diego.

Asimismo, el escritor indígena Antonio Valeriano en su obra ‘Nicán Nopohua’, transcrita en la lengua de los aztecas a los doce años, describe las apariciones, narrando los hechos de esta forma: “Un sábado de 1531 a pocos días del mes de diciembre, un indio de nombre Juan Diego caminaba, muy de madrugada, del pueblo en que habitaba a Tlatelolco, para tomar parte en el culto divino; al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecía, cuando escuchó que le llamaban desde las alturas: “Juanito, Juan Dieguito”.

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana grandeza, ataviada radiantemente como el Sol, la cual con palabra muy amables le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente que se erija aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen. Ve al Obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo; anda y pon en ello todo tu esfuerzo”.

Cuando llegó Juan Diego a la presencia del obispo, Don Fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco, éste pareció no darle crédito y le respondió: “Otra vez vendrás y te oiré más despacio”. Juan Diego volvió a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando y le dijo: “Señora, expuse tu mensaje al obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Por lo cual, te ruego que encargues a uno de los principales que lleve tu mensaje para que lo crean, porque yo soy un hombrecillo”. Ella le respondió: "Mucho te ruego, hijo mío, a que otra vez vayas mañana a ver al obispo y le digas que yo en persona, la siempre virgen Santa María, madre de Dios, soy quien te envió".

Pero al día siguiente, domingo, el obispo tampoco le dio crédito. El lunes Juan Diego ya no volvió; su tío Juan Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a Tlatelolco a llamar a un sacerdote para que lo confesara.

Salió Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo para llegar pronto a México y no lo detuviera la Señora del cielo. Pero ella le salió al encuentro y le dijo: "Hijo mío, el más pequeño, no se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más necesitas? No te aflija la enfermedad de tu tío, está seguro que ya sanó. Sube ahora, hijo mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores, córtalas y tráelas a mi presencia”.

Cuando lo hubo hecho, le dijo: "Hijo mío, ésta es la prueba y señal que llevarás al obispo. Tú serás mi embajador muy digno de confianza."

Juan Diego se puso en camino ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del obispo, le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del Cielo condescendió con tu recado y lo cumplió”. Desenvolvió en el acto su blanca manta y así se esparcieron por el suelo las diferentes rosas de Castilla, apareciendo impresa, de repente, la preciosa imagen de la siempre virgen Santa María, madre de Dios, siendo en esa forma que se guarda hasta la presente fecha en su templo de Tepeyac; la ciudad entera se conmovió y acudía a ver y admirar su devota imagen, así como a ofrecerle oraciones, siendo entonces cuando se le nombró como bien había de nombrarle: La Siempre Virgen Santa María de Guadalupe.”

RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS DE LA TILMA O AYATE DE JUAN DIEGO

En primer lugar, la milagrosa conservación del tejido en el que se imprimió la imagen de la Virgen, en la tilma de Juan Diego está tejida de fibra de ayate (de la especie mejicana llamada “agave potula zac”), que se desintegra a los 20 ó 30 años. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la imagen de María sigue tan firme como el primer día; la ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela.

No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo: los colores desaparecen. Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica conocida de pintura. Los colorantes de la Imagen no pertenecen al reino vegetal, mineral ni animal. Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo.

La Virgen tiene una cinta en el vientre, símbolo para los aztecas de que estaba embarazada; uno de los médicos que analizó la tilma colocó su estetoscopio debajo de la cinta que María posee (señal de que estaba en cinta) y escuchó latidos que rítmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto, igual que un bebé en el vientre materno. Además, la temperatura de la fibra de maguey con que está construida la tilma mantiene una temperatura constante de 36,6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.

Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de María han detectado que, al acercarles luz, la retina se contrae y al retirar la luz se vuelve a dilatar; exactamente como ocurre en un ojo vivo. La ciencia descubrió que los ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo humano. En los ojos de María (de tan sólo 7 y 8 mm) se descubrieron diminutas imágenes humanas, que ningún artista podría pintar. Son dos escenas y las dos se repiten en ambos ojos. La imagen, de los Ojos de María, fue ampliada mediante tecnología digital, revelando que en sus ojos está retratada la imagen del indio Juan Diego abriendo su tilma frente al obispo Zumárraga.

La Virgen de Guadalupe es mestiza, su rostro, ni indio ni blanco, es el mismo que invita a la paz entre vencedores y vencidos, entre blancos e indígenas; porque ella es la Madre de todos. El color de su manto es verde-azul, entre los aztecas sólo el emperador podía vestir ese color, al presentarse con este color es como si dijera que es la Emperadora, la Reina del Universo; los rayos de sol rodean su persona, como si procedieran de su divino hijo que es el Sol de Justicia (el sol era un dios para los indígenas).

Por otra parte, se ha descubierto que, las estrellas, en el manto de la Virgen corresponden a las estrellas del cielo tal y como estaban aquel día de la aparición; vistas desde México; como si nuestra Madre hubiera querido dejarnos su firma, fecha y hora exacta de Su aparición: 16:40 horas del día 12 de diciembre de 1531. La Imagen es tal y como la detalla el Libro del Apocalipsis, capítulo 12: “Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies “. Y, por último, ‘Coatlaxope’ Guadalupe’, significa en el idioma indígena: "Que aplasta la cabeza a la serpiente". Aquí queda impresa esta reproducción, dependiendo de cada persona aceptarla o rechazarla. Visitemos el templo dedicado a la Virgen del Tepeyac, este 12 de diciembre, y desde este espacio permítanme felicitar a todas las Guadalupe (Lupitas), que se unen a las festividades de la madre(simbólicamente), de todos los mexicanos Fuente: http://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/

AMLO Y LA AMNISTÌA PROPUESTA. Con todo el respeto que merece (no cubro la fuente Política, pero leo, escucho y me entero a través de los compañeros acreditados), como líder, Andrés Manuel López Obrador, declarando ante los medios, que propondrá, según su forma de pensar, una amnistía de su gobierno cuando sea presidente de México, al crimen organizado.

Imaginemos a López Obrador al ser investido como presidente de la República Mexicana, rodeado de las más sobresalientes bandas criminales, y elementos del ejército mexicano y marina custodiándolos.

Algo ocurre en su dañado cerebro con tanto pensar en contender, por una vez más, para ingresar a Los Pinos. Por supuesto que además de incomodar a las fuerzas armadas con sus declaraciones, porque, aunque usted no lo crea, al tabasqueño lo sitúan las encuestas arriba de los otros precandidatos a la Presidencia de la República.

Deseamos no decaiga el ánimo de los castrenses en su lucha contra la delincuencia. ¿Será del conocimiento del Sr. López, que han sido inmolados 530 soldados, además de marinos, quienes han ofrecido su vida combatiendo al narcotráfico, registradas desde diciembre de 2006?

La cifra es mucho más elevada, pero la secretaría no toma en cuenta los registros de otros 543 fallecidos, contabilizados por la S-2 y la S-7 desde 1976 hasta finales de 2007. Así, la cifra de muertes militares en combate al narco, en sus distintas fases y operaciones desde hace 41 años, es de 1,073 efectivos fallecidos.

Los datos de la Sedena demuestran que la mitad de los caídos en las filas castrenses han fallecido en los dos últimos sexenios. Y como anunciaba Raül Velasco iniciando su programa televisivo Siempre en Domingo: “Aún hay más (mucho más)”. Fuente: de mi huerta particular. managua601@yahoo.com.mx