Jueves 10 de agosto del 2017

Cáncer y enfermedades cardiovasculares en el aire de la CDMX

Por Amapola Nava

Ciudad de México, agosto de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- “El problema de la contaminación del aire es que no se ve, hasta que se ve”, es decir, hasta que la concentración de compuestos tóxicos es tan alta que se convierte en un problema para la salud. De hecho, la contaminación del aire ha sido clasificada como cancerígena para los seres humanos según la IARC.

Pero dentro de la enorme cantidad de contaminantes atmosféricos sobresalen por su toxicidad las partículas suspendidas, el único componente que de manera particular ha sido clasificado como carcinógeno.

Cuando un combustible es quemado, al encender un auto o al realizar un proceso industrial, cuando hay un incendio accidental o intencional, o incluso cuando se quema basura, se liberan al ambiente minúsculas fracciones de sólidos, diminutas gotas de líquidos o partículas formadas por la mezcla de ambos, que pueden llegar a ser más pequeñas que una célula humana.

Estas son las partículas suspendidas y dependiendo de su tamaño pueden llegar a la parte más interna de los pulmones y penetrar al torrente sanguíneo, donde se repartirán a otros órganos del cuerpo.

Amador Muñoz es investigador en el Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM y dedica gran parte de su tiempo de trabajo a estudiar las partículas suspendidas. Para él, este variado grupo de sustancias es el mayor problema de la salud humana cuando se habla de contaminación atmosférica.

Esto, debido a que las partículas suspendidas pueden estar formadas de sustancias orgánicas, como hidrocarburos, o sustancias inorgánicas, como hierro, cadmio y otros metales; de allí que se asocien a enfermedades como el cáncer de pulmón, de vejiga, los accidentes cerebrovasculares, la aterosclerosis, enfermedades del sistema inmunológico, enfermedades neurológicas, como el párkinson y el alzhéimer, y recientemente con diabetes.

De hecho, al año, alrededor de 20 mil muertes prematuras en el país ocurren por las altas concentraciones de partículas suspendidas en la atmósfera, según el Instituto de Métrica y Evaluación en Salud de la Universidad de Washington.

Peligro microscópico Una de las características más peligrosas de las partículas suspendidas es su tamaño, entre más pequeña sea la masa de estas sustancias mayor la probabilidad de que penetren al torrente sanguíneo a través de los pulmones. Por ello, este grupo de contaminantes se clasifica en dos conjuntos: las partículas PM10, cuyo diámetro es menor a los 10 micrómetros; y las partículas PM2.5, de dimensiones menores a las 2.5 micras.

De ambos tipos de partículas, las PM2.5 son las más dañinas para la salud, pues logran penetrar a las estructuras más profundas del sistema respiratorio. Y justamente, este tipo de contaminantes es emitido en su mayoría por las actividades humanas que implican procesos de combustión incompleta, como los que ocurren durante la quema de gasolinas y diesel, para el transporte y la industria, o durante la quema de material orgánico para la preparación de la tierra para la agricultura, explica Omar Amador.

Las partículas PM10 se generan principalmente por procesos de erosión, por erupciones volcánicas, por el levantamiento de polvo y tierra debida a vientos y tolvaneras o por resuspensión de polvo debida a la circulación de los automóviles.

Normas internacionales y nacionales para regular la contaminación atmosférica

Existen diferentes normas para regular la cantidad de partículas suspendidas que contaminan la atmósfera. Entre ellas, la más estricta es la propuesta por la OMS, que busca lograr el nivel de partículas suspendidas más bajo posible, pues no se ha encontrado un umbral de concentración de este grupo de contaminantes que no cause daños a la salud.

Pero para lograr una drástica reducción de las partículas suspendidas sería necesario modificar la forma en que los habitantes de las ciudades se transportan, la forma en que se hace agricultura y la manera en que funciona la industria, por lo que en algunos países, como en México, se tienen metas intermedias para lograr una mejor calidad del aire. Pero a pesar de la diferencia en la normativa actual, México deberá intentar lograr los valores establecidos por la OMS si quiere cuidar la salud de sus ciudadanos. Se calcula que cumplir con la normatividad mexicana podría evitar aproximadamente 11 mil muertes prematuras al año, y que cumplir con las directrices de la OMS evitaría alrededor de 20 mil muertes prematuras debidas a la contaminación por partículas, explica Amparo Martínez Arroyo, directora general del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).

No solo el tamaño importa Pero controlar los efectos en la salud provocados por las partículas suspendidas es más complejo de lo que parece, pues este grupo de contaminantes está compuesto por una enorme variedad de sustancias, desde compuestos inocuos hasta sustancias tóxicas.

Pero las normatividades vigentes solo regulan el tamaño de las partículas y no su composición, por lo que podría darse el caso en el que no se rebasen los límites de la norma, porque no hay una alta cantidad de partículas, pero que las pocas partículas suspendidas sean de una sustancia altamente cancerígena y que la salud de la población se encuentre en riesgo, detalla Omar Amador.

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