Sábado 22 de julio del 2017

Antes de pensar en Los Pinos, instrumente una estrategia contra el crimen organizado en la CDMX

Los narcobloqueos en Tláhuac han mostrado que la realidad ha alcanzado al Jefe de Gobierno. Después del caos en la delegación, en donde murieron ocho personas, negar que en la Ciudad de México exista la presencia de cárteles no sólo resulta risible, sino que es una irresponsabilidad.

Así lo manda decir el senador morenista Miguel Barbosa Huerta al jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, al señalar que basta ver las imágenes y escuchar los testimonios que se publicaron en la prensa nacional e internacional: marinos y soldados en las calles de la capital, camiones en llamas atravesados en avenidas y la incertidumbre de la población.

“Desde la desaparición de 13 jóvenes, atribuida al llamado Cártel de Tepito, en un centro nocturno en la Zona Rosa en 2014, muchas voces de activistas, delegados y académicos han insistido en que la existencia de cárteles de la droga en la Ciudad de México es una situación innegable, inclusive la DEA ha mencionado que cinco cárteles operan en la capital”, expresó el legislador que hace poco más de un año destapó a Mancera como el candidato más posicionado del PRD a la Presidencia de la República.

Barbosa insistió en que las imágenes de Tláhuac podrían ser escenas de Tamaulipas, Jalisco, Michoacán o Nuevo León en sus peores momentos, lo que refleja con claridad que a violencia y el crimen en la capital de la República han aumentado de manera dramática; la ciudad de México ha dejado de ser el oasis de seguridad que se presumía hace cinco años.

Y añadió: “El declive en la seguridad capitalina no inició ayer; desde el año pasado se advirtió que el número de homicidios había alcanzado niveles inéditos en dos décadas. En mayo de este año, el número de homicidios fue igual al de los oscuros años 90.

“La crisis de seguridad era previsible. La decisión responsable hubiera sido instrumentar las políticas necesarias para frenar la ola de delincuencia; en vez de eso, el Jefe de Gobierno decidió que la solución era instruir una estrategia de comunicación y de relaciones públicas para negar la creciente ola de inseguridad.

“Reconocer los hechos no es una cuestión de polémica partidista, es un deber de Estado. Como ya ha sucedido en otras entidades, negar la crisis y voltear a otra parte sólo favorece a los delincuentes.

“Antes de cualquier aspiración presidencial, antes de cualquier campaña hacia 2018, es necesario instrumentar una estrategia local y metropolitana para luchar contra el crimen organizado.

“Esta estrategia debe ir más allá de operativos policiacos: se debe combatir la corrupción, la impunidad y, sobre todo, la desigualdad y la marginación que empujan a las personas a delinquir.

“El Jefe de Gobierno debe recordar la responsabilidad que conlleva gobernar una de las ciudades más grandes del mundo, debe recordar que su responsabilidad primera es con la verdad y con las personas que habitan la capital”.

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