Jueves 01 de febrero del 2018

Riesgo de que indígenas de la CDMX sean botín político de personas sin escrúpulos

Urge garantizar los derechos políticos-electorales e identidad de los pueblos originarios y comunidades indígenas de la Ciudad de México, afirmó la diputada local Vania Ávila García.

Añadió que por ello presentó un punto de acuerdo de urgente y obvia resolución, en el que exhortamos al Instituto Electoral de la Ciudad de México a garantizar los derechos políticos-electorales e identidad de los pueblos originarios y comunidades indígenas en la Ciudad de México, con el fin de prevenir cualquier acto de violencia política en su contra.

Dijo que de acuerdo con información del censo 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la Ciudad de México hay 8 millones 918 mil 653 habitantes, de los cuales 785 mil pertenecen a pueblos indígenas.

Asimismo, el Padrón de Pueblos y Barrios Originarios elaborado por el Consejo de los Pueblos y Barrios Originarios del Distrito Federal, la Ciudad de México cuenta con 139 pueblos y 58 barrios distribuidos en las 16 demarcaciones político-administrativas de la ciudad capital y suman una población aproximada de 1 millón 509 mil 355 habitantes.

Sin embargo, precisó, a la fecha los pueblos, comunidades indígenas y originarias se mantienen fuera, tanto de la agenda como de las propuestas de gobierno de casi todos quienes aspiran a cargos de elección popular.

Aunado a lo anterior, indicó la asambleísta, las comunidades indígenas de la Ciudad de México son susceptibles de ser un botín político de personas sin escrúpulos que, aprovechándose de su analfabetismo y monolingüismo, los condicionen por dinero, servicios o despensas, a votar a favor de un determinado candidato o partido político.

Señaló que en gran medida los pueblos y comunidades indígenas en la Ciudad de México desconocen los alcances del voto como un derecho, una libertad, una garantía y un poder, y que uno de sus objetivos es asegurar una alternancia política, ya que es sinónimo de libertad y de pluralismo, porque con él se garantiza una justa organización de los poderes.